PATIO, DOLOR Y SANGRE - 13/52 RETOS DE ELDE

Esta historia pertenece a 52 Retos del Escritor.

Eran sus primeros meses como profesor de primaria. Estaba acostumbrado a bebés, a cambiar pañales y solo aguantar los lloros de estos cuando tenían hambre, imaginandose que los niños más mayores serían más faciles de educar, pero se equivocaba, allí tenía la prueba. Gritos, lloros, burlas entre ellos, bolas de papel volando, sentados donde no debían, etc. Cogió un libro y lo dejó caer sobre la mesa, haciendo que todo el mundo se quedara quieto y sobresaltado, con la piel erizada del susto. Brais, al sentir un poco de calma, se puso bien las gafas y procedió a explicar lo que tendria que haber hecho nada más comenzar la clase:

-He decidido poner un buzón de sugerencias, al fondo de la clase, como ya podeis ver, para que cualquiera que tenga algo que decir, lo pueda hacer, ya sea poniendo su nombre o en anonimo ¿Entendido?

Los niños asintieron, mientras volvían a sus respectivos sitios. Brais les había cortado el rollo y ya se habían aburrido. El profesor agradeció que se calmaran, aunque sabía que no duraría por mucho tiempo. Pidió que abriesen los libros por la página donde la habían dejado en el día anterior, y se volteó para proceder con la explicación.

Iba a terminar la explicación, pero la sirena comenzó a sonar. Ya se habían acabado las clases y antes de que pudiera pedir que se mantuvieran en sus sitios, todos comenzaron a llevarse las mochilas a la espalda. Se rascó la cabeza, enfadado por aquello y cerró el libro. Recorrió toda la clase, poniendo en su lugar algunas sillas, ordenando los pupitres y recogiendo papeles del suelo, hasta que se paró delante del buzón de sugerencias. Tiró los papeles a la papelera, y volvió para abrirlo. Había mucho por leer. Volvió a su silla y allí, comenzó a desplegar papeles, leyendo las "propuestas", que la mayoría eran tonterías o papeles en blanco. Suspiró, creyendo que no habría nada interesante, hasta que a sus manos estuvo un par de dibujos. Eran macabros y violentos, parecía una persona descuartizada. Tragó saliva. Los niños podían tener mucha imaginativa, y con la televisión que echaban ahora, soñaban con muchas cosas. Los dejó guardados en el primer cajón y siguió con los demás, hasta que otro papel hizo que sus pelos se quedaran en punta. <<Alguien me dice cosas, no sé quién es, tengo miedo. No puedo decirselo a nadie, la persona me dice que me hará daño, me siento observada, me encuentro mal, solo quiero que todo vuelva a ser como antes>>. A Brais aquelló si que llegó a preocuparle. Abrió su carpeta, donde había recogido los deberes del día. Empezó a pasar pagínas, comparando las letras, pero no podía reconocer ninguna. Supuso que sería por el nerviosismo de la pequeña al escribir, asi que se levantó de la silla para mirar en los casilleros, ya que siempre se dejaban alguna que otra libreta. Fue de mesa en mesa, mirando por debajo de estas, tomando alguna que otra libreta. Se reunió con todo eso en la mesa, y empezó a abrir los cuadernos. Uno por uno, hasta que encontró lo que buscaba. La niña era Arlette, una chica muy callada y que siempre andaba sola. Tomó su cuaderno, donde tenía todos los datos de los alumnos y sacó su telefono para llamar a los padres. Tras unos cuantos toques de cada uno, nadie se lo tomó ni devolvió la llamada, así que decidido, tomó el cuaderno de la pequeña y las notas. Salió al pasillo y se dirigió hacia las escaleras. Las bajó con prisas y se dirigió al despacho del director. Llamó a la puerta, pero nadie le contestó. Llevó la mano al pomo y lo giró, viendo como esta se abría. Zigor no estaba allí. Preocupadó, salió a la salida del colegio, donde vio a padres y madres, recogiendo a sus hijos. Por ningun lado vio a Arlette. Extrañado, decidió volver a llamar a sus progenitores, pero no consiguió ninguna respuesta. 

Paró su coche delante de una comisaría. Dudó en salir o seguir circulando, pero al ver que dos agentes lo estaban mirando raro, decidió no seguir llamando la atención. Tomó las cosas que quería presentar, para por lo menos avisar a la policia de lo que ocurría, y entró en el edificio. Se acercó a un mostrador, que parecía ser una recepción, y explicó lo que estaba ocurriendo:

-¿Es una desaparición? -preguntó el muchacho mientras leía la nota- ¿La niña no ha ido a clase?

-No, hoy a venido, pero es raro que hayan estas notas y sus padres no contesten.

-Debería entender que a lo mejor sus progenitores trabajan, y que la niña está con algún familiar -le devolvió el cuaderno y la nota- usted solo es su tutor en horario lectivo, vuelva a casa y no se preocupe tanto.

Brais frunció su ceño y tomó las cosas de vuelta. Las dejó bajó su brazo y abandonó el lugar, algo disgustado. Se dirigió hacia el coche y se metió en este. Sentado en el asiento del copiloto, vio como las primeras gotas se posaban sobre el parabrisas, para dar lugar a una gran tormenta, que hizo que algunos agentes se resguardaran en sus coches patrulla. Sacó su telefono de la guantera, con el deseo de ver una llamada perdida, pero allí no había nada. Tomó el paquete de tabaco, sacó uno para prenderlo, y se lo puso en la boca mientras arrancaba el coche.



Puso la nota en medio del cuaderno y lo guardó en su maletín. Era la hora de irse a la cama, pero Brais sentía que no podía cerrar sus ojos. La preocupación era superior al cansancio, y ocupaba toda su mente. Debido a la lluvia, se había olvidado de comprarse otra cajetilla de cigarros, y la que tenía, ya se la había fumado entera. Suspiró y hundió su cara en la almohada. Recordaba todo lo ocurrido en la tarde, sus descubrimientos habían sido importantes, pero tambien debía hacer efectivas las sugerencias de algunos de los pequeños, que eran cosas serias, como nuevos cuentos para leer en la biblioteca, o un nuevo balón para jugar al futbol. Se volvió a sentar en la cama, tomó su telefono y trató de mensajear a Zigor, el director. Le envió un par de mensajes, disculpandose por la hora. Espero un par de minutos, no contestó, pero tampoco recibió los mensajes. 


Aparcó el coche en el parking. Y nada más salir vio a algunas compañeras de trabajo, charlar mientras se fumaban el primero del día. Brais tomó el maletín y salió, saludandolas con una sonrisa. Entró dentro del edificio, y lo primero que hizo fue acercarse al despacho del director. Cuando abrió la puerta, pudo ver que estaba muy concentrado en una conversación, y le ordenó que saliese un momento. Brais acachó la cabeza y pidió perdón. Suspiró y apoyó su cabeza hacia atrás, quedandose en la pared. Meditó durante un par de segundos y abrió sus ojos, viendo como la pequeña se acercaba. Este reaccionó, de una forma un tanto brusca. Arlette se sobresaltó al verle, se quedó parada, manteniendo su mirada. Brais pudo ver sus ojos llorosos:

-¿Qué te ocurre? -preguntó Brais con un tono de voz dulce- ¿Puedo ayudarte?

La niña negó con la cabeza y se volteó, para salir corriendo. Subió las escaleras, desapareciendo de la vista del profesor. Tuvo la necesidad de ir tras ella, pero la puerta se abrió, y Zigor le preguntó si era importante lo que quería decirle:

-No, puedo encargarme yo -dijo abrazando el maletín- ¿Ha ocurrido algo?

-Tengo que encargarme de unos asuntos para las actividades extraescolares de algunas clases -explicó Zigor- he visto los mensajes, supongo que era eso de lo que querías hacerme saber.

-Sí, pero voy a hablar ahora mismo con ella -respondió Brais- tambien trataré de contactar con sus padres.

Zigor se acercó a él, diciendo que le guardara un secreto. Brais fue todo oídos y el director le explicó que la pareja estaba divorciada desde hacía unos meses, y que era mejor que nadie se enterase, por el bien de la pequeña. Brais asintió, aunque sin entender el motivo real de aquello, pero el director aseguró que tenía prisa. Tomó aire y decidió subir al aula. Era la hora del patio, y aun quedaban quince minutos, así que sería una tutoría improvisada. Al subir las escaleras, caminó hacia la clase, y se paró detrás de la puerta, que estaba entreabierta. Dio unos cuantos toques, sin saber por qué debía pedir permiso en su propia aula, y esperó a que alguien respondiese, pero nadie lo hizo. Al abrir la puerta, descubrió que la clase estaba vacía. Caminó hacia el pupitre de Arlette, pero ni rastro de su mochila. Brais, angustiado con la idea de que la pequeña se hubiera escapado en ese estado, corrió en su búsqueda. Clase por clase, sala por sala, hasta en la mismisima sala de profesores, alarmando a todo el mundo, pero la pequeña no estaba por ningún lado. Brais se ofreció a tomar su coche, para ir en su busqueda, mientras los demás miraban por los alrededores. 

Tras dar una vuelta por los alrededores, recibió una llamada en un número oculto. Respondió mientras seguía conduciendo, y escuchó a alguien decirle en voz baja <<No la busques, solo encuentrala>>. Brais reaccionó, preguntando quién era y por qué le decía eso, pero escuchó como le había colgado. Dio un golpe al volante y decidió dar un giro brusco, para volver al instituto. Tras unas cuantas calles recorridas, vio como el edificio se asomaba a lo lejos. Estaba nervioso, necesitaba saber quién era esa persona que le había contactado. El parking se asomó y giró para estacionar su coche allí. Salió con prisa, casi sin sacar las llaves del contacto, y corrió hacia el interior. Pasó por delante de la puerta que daba al patio, por la ventana se podía ver a todos los niños en medio de este. Algunos de ellos se abrazaban y otros lloraban. Escuchó el zapateo de los profesores bajando por las escaleras, pasaron por su lado y gritaron para saber que es lo que estaba ocurriendo. Brais supuso que era una pelea entre dos niños, pero cuando se acercaron, el grito de una de las profesoras le heló la sangre. Los profesores de gimnasia comenzaron a dispersar a los alumnos para evitar que siguieran observando tan grotesca situación. Brais se sentó en el suelo, viendo los ojos desencajados de Arlette, entre tanta sangre y violencia. 


Tras una semana sin dar clase, se paró delante de la puerta del aula. Al otro lado escuchaba a todos los niños jugar, como si nada hubiese pasado. Envidiaba esa cualidad de los niños. Dio dos toques a la puerta y la abrió, viendo como todos se sentaban. Puso el maletín en la mesa, lo abrió, pidiendo que sacaran los libros y que alguien le recordase por donde se quedaron, pero nadie supo que contestar:

-Bueno, no importa ¿Hablamos de vuestras sugerencias?

Los niños pusieron más atención en las palabras de Brais. El profesor abrió el primer cajón, donde había guardado todos los papeles del buzón, y los sacó en montones, hasta que por último quedaron los dibujos macabros. La sangre dejó de correr por sus venas. Eran una clara representación de lo sucedido con la pequeña Arlette. Esto había tenido que ser dibujado por uno de esos niños, eran los únicos que tenían idea de aquello. Tragó saliva y pidió que lo disculparan un momento. Bajó a la planta principal, caminando hasta la sala del director, y nada más entrar, preguntó por los policias que estaban investigando el caso. Zigor se encontraba a solas, sentado de espaldas a él, que al escuchar su voz, se volteó para preguntarle que es lo que quería:

-Me olvidé de mostrar esto en su día -respondió Brais- a lo mejor podría haber evitado el asesinato.

El director se alzó de la silla, con prisa y algo preocupado, tomó los dibujos con sus manos, y al ver aquello, se quedó horrorizado. Tragó saliva y se los devolvió, diciendo que podía ser la imaginación de los niños:

-¿Su imaginación? ¿Entiende que podría haber algun niño de mi clase capaz de esto?

-¿Tú te escuchas Brais? -preguntó el director- conoces a esos niños ¿Crees que alguno podría cometer tal atrocidad?

-También creía que ser profesor de primaria iba a ser más fácil que cuidador en una guardería, sin embargo aquí estoy, con la muerte de una de mis alumnas a la espalda, así que sí, creo que puede haber sido uno de los niños, es mi deber proteger al resto.

Iba a salir del despacho, pero Zigor lo tomó de la muñeca, con fuerza. Tiró de él hasta que dejó su cara a un palmo de Brais. El joven profesor sintió miedo, porque los ojos de su superior estaban inyectados en sangre:

-¿Sabes lo que podría suponer eso para tu trabajo? ¿Quieres seguir llegando a fin de mes?

Brais se zafó de él, diciendo que parecía otra persona, que desconocía esa faceta suya. Zigor reaccionó, sintiendo que había perdido la cabeza, así que le pidió perdón y se volvió a sentar en su silla de oficina. El profesor entendió que era un problema que afectaba a todos, pero que había una familia sin su hija, y unos padres con un hijo, o hija, psicopata, que eran un mal que podían solucionar ellos mismos:

-Brais ¿Te puedo hacer una pregunta? -preguntó el director- espero que no te moleste.

-Sí, adelante -dijo algo sorprendido-

-¿Has visto que sus padres se hayan preocupado por la situación? ¿Sientes que les duela haber perdido una hija?

Brais se quedó sin saber qué contestar a eso. Durante la ronda de testimonios con los encargados de la investigacion, así como el homenaje que se hizo la pequeña en el centro, nunca vio a sus progenitores:

-¿Me está diciendo que ellos pueden tener algo que ver con su muerte? -preguntó Brais- eso no es posible, yo misma la vi en el centro, subió al aula y tomó sus cosas, luego ya no la vi. 

-Una niña no puede abandonar el centro por sí sola, no puede saltar una valla sin ser vista por el conserje -aseguró Zigor mientras tomaba una libreta de ausencias- fue firmada por el padre.

Brais no entendía aquello, esa libreta era la suya, pero nunca recordó haber dejado que se firmara algo como eso, ni se le informó de ello. Zigor la cerró y le miró, diciendo que todo le estaba afectando demasiado, y que necesitaría descansar un poco:

-Con una semana me ha sido suficiente -se quejó Brais- quedarme en casa no me hace ningún bien.

-Pues con esta actitud no lo demuestras ¿Por qué no vuelves con los pequeños?

Zigor le entregó la libreta de ausencias, que Brais tomó, muy a su pesar. Dejó los dibujos entremedias de las páginas, y salió de allí, molesto por la situación, ya que sentía que algo se le estaba escapando. Volvió al aula, pidiendo calma. Cuando se puso delante de su mesa, abrió el libro de la materia que estaban dando, y se puso a dictar un par de ejercicios que tenían que hacer. Los niños copiaron todo en sus libretas y comenzaron con ello. Brais se sentó, se acarició el pelo y tomó la libreta donde tenía los datos de cada niño. La abrió, pasando el dedo por la lista para no perder el hilo y leer la dirección correcta. Arlette era de las primeras, así que no le costó demasiado. Tomó un bloc de notas que tenía en el maletín y un bolígrafo, para apuntar aquello. Arrancó la pequeña hoja, cerró el cuarderno y alzó la mirada, encontrandose con una niña, tomando el libro entre sus manos:

-¿Alguna duda Catriel?

La niña asintió mientras extendía el libro encima de la mesa. Señaló uno de los ejercicios y Brais se fijó. Con el bolígrafo, empezó a señalar cada parte del ejercicio, explicandoselo lentamente. Cuando terminó, pudo ver que había un par de niños más con la misma duda, así que decidió explicarlo en la pizarra.

Sonó el timbre. Era la hora del patio, momento en el que Brais pensó salir un momento para ir a hablar con la familia que se encontrara allí. Cogió sus cosas y caminó hasta el exterior, con idea de ir al parking. Metió todo dentro de su coche y se sentó en él. Vio como las profesoras, que siempre fumaban ahí, ponían su mirada en él. No creyó que tenía que dar explicaciones, así que puso rumbo al que fue hogar de Arlette.

Nada más parar el coche delante, pudo ver un cartel que informaba de que el lugar se vendía. Alguien limpiaba la acera con una escoba, así que se acercó con cautela. La mujer se fijó en el hombre, y le preguntó si necesitaba algo. Brais sonrió y señaló el cartel, preguntando desde cuando hacía que se vendía:

-Desde que los dos se divorciaron -respondió ella tomando la escoba con una mano- ¿Por qué lo pregunta?

-Me gustaría hablar sobre Arlette -contestó Brais-

-¿Es policia? -preguntó la vecina-

Brais negó con la cabeza, haciendo que el rostro de la mujer se pusiese serio. Desvió la mirada y aseguró que entonces no tenían nada de lo que hablar, que tenía mucha faena por hacer. El profesor siguió insistiendo, hasta que la mujer lo amenazó con la escoba. Brais dio un paso atrás, pidiendo perdón:

-¿Puedo hacer una última pregunta?

La mujer bajó el utensilio de limpieza, siendo todo oídos. Brais quiso saber donde se encontraba el padre de Arlette. La vecina, pensando, lo miró:

-Vive tres calles más abajo, no sé que lugar ni piso, pero trabaja en un bar cercano a la zona.

Brais se lo agradeció y esta levantó su mano, haciendo ver que no era nada. Se dio la vuelta y se metió en el portal. Caminó hacia su coche, lo arrancó y se puso rumbo hacia la zona que le había indicado. Había solo un bar, así que supuso que no habría otro. Paró su coche delante del establecimiento. Entró y vio como la gente tomaba sus cafés tranquilamente. En la hora del programa que se emitia en la tele, pudo ver que aun le quedaban 15 minutos, sintió que debía darse prisa. Se acercó a la barra y preguntó por el hombre. La mujer que lo atendió, se quedó observando de arriba a abajo mientras secaba una jarra. Se giró hacia la puerta de la cocina y gritó para que saliese:

-¿Quién es usted? ¿La policia? Ya dije que no tenía nada más que decir.

-Señor, soy el profesor de su hija, mi nombre es Blais -extendió la mano por encima de la barra- solo quería preguntarle si usted fue a buscarla antes de, ya sabe.

El hombre estrechó su mano, quedandose sorprendido por lo que le estaba diciendo. Negó con la cabeza, asegurando que ese día trabajaba en el bar, que su compañera se lo podía corroborar:

-¿Y su exmujer? ¿Tuvo constancia de que pudiera haber sido?

El hombre levantó su ceja, mosqueado porque estuviera malpensando de ella. Suspiró:

-Si no es policia ¿Qué hace preguntando cosas tan personales?

-Soy el tutor de vuestra hija, murió durante la hora lectiva, tambien me incumbe a mi saber que ha ocurrido ¿Por qué os divorciasteis?

El hombre dio la vuelta a la barra para salir. Se plantó delante de Brais y lo tomo de la camisa. Empezó a empujarlo hacia atrás hasta que lo dejó contra una pared:

-¡¿Estás sordo o eres cortito de mente?!

-¡Alberto! ¡Delante de los clientes no!

El hombre lo soltó, haciendo que Brais se golpeara con la pared y se quedara con el susto en el cuerpo. Alberto tomó un trapo y se metió dentro de la cocina. La compañera lo observó, y cuando estuvo más calmado, le pidió que no volviese por la zona, que no estaban en el mejor momento como para que la gente empezara a crear rumores. El joven profesor pidió perdón mientras recuperaba el aliento. 

Aparcó su coche, apagando el motor y quedandose en el interior. Hacia cinco minutos que había terminado el recreo, pero no se sentía con fuerzas de volver. Apoya su cabeza en el volante y empieza a meditar sobre todo lo ocurrido. La vida le había cambiado por completo. Tomó aire y lo soltó de sus pulmones. Controlar su respiración lo calmaba. Escuchó como alguien daba dos toques a la ventana de su izquierda, y al alzar su mirada, vio a una mujer con su placa colgada del pecho. Al tardar en reaccionar, ella la tomó con una mano y la señaló con la otra. Brais asintió, sacó las llaves del contacto y abrió la puerta para reunirse con ella:

-Nos han informado de que durante su tiempo libre ha visitado el antiguo domicilio familiar de la pequeña y el lugar de trabajo de su padre, además de ser el tutor de Arlette y el principal sospechoso de su asesinato ¿Puede acompañarme?

Brais no supo como reaccionar, empezó a recorrerle un sudor frío. Tragó saliva y entregó las llaves de su vehículo como símbolo de paz, como prueba de que no tenía motivos para escapar. La mujer le pidió que se diese la vuelta, que no era nada personal, pero debía ponerle las esposas por orden de sus superiores. El joven profesor lo hizo, mirando como las profesoras que antes le habían visto marcharse, cuchicheaban entre sí. Sabía que ese era el principio del fin.


Todos sus actos, acciones y lo que había pensado, había hecho pensar a la policia que era sospechoso. Se maldecía asimismo por no pensar con cautela. Suspiró y miró a la agente, junto sus manos e imploró que él no tenía nada que ver con todo eso. Su abogado le dio un codazo, estaba hablando demasiado, y decidio callar:

-Entonces ¿Cual es su cuartada? -preguntó ella- sus compañeros estaba en la ronda de vigilancia, o en la cafetería, su superior, el director Zigor, estaba en una reunión, la familia, trabajando... ¿Y usted?

-Me encontré con Zigor en ese momento, quería hablarle de la situación de la pequeña, pues el día anterior puse un buzón de sugerencias, ella dejó una nota alarmante.

La agente tecleó eso en su ordenador, y mostró su disconformidad, porque Zigor aseguró que durante ese día no se encontró con nadie, que se fue directamente. Brais reaccionó bruscamente, pero su abogado lo paró:

-Mi cliente lleva muchas horas aquí ¿Pueden darle un descanso?

La agente aceptó y se levantó para salir afuera. El abogado le preguntó a Brais si queria algo, y solo pidió una botellita de agua. Tiró de las cadenas que amarraban las esposas, no le daban tregua. Debía manterse sentado y eso le estaba atormentando. Todo le hacía ver como un sospechoso sin cuartada, y no tenía la forma de probar que era inocente, hasta que pensó en algo. Cerró sus ojos aliviados y en ese momento, su representante legal, entró en la sala. Le entregó la botella abierta y este pegó un largo trago:

-¿Has recordado algo? -preguntó al ver el refrescante roso de su cliente- pareces contento.

Brais asintió, haciendo que el abogado volviese a llamar a la agente. Se sentó al lado del joven profesor y ambos esperaron a que volviese. Entró, con una botella de te frío que puso al lado de la de Brais:

-¿Y bien?

-Mi cliente me ha contado que tiene pruebas de su inocencia. Él salió a buscar a la pequeña al ver que no estaba en el centro, a mitad de camino, recibió una sospechosa llamada que le hizo volver, y ahí es cuando se encontró con la escena. Ademas, tambien me ha explicado, que encontró unos dibujos junto a la nota de la pequeña, que coincidían a la perfección con el crimen.

La mujer apunto todo en el portatil y preguntó por esas pruebas. Brais explicó que todo se encontraba en su coche, que ella tenía la llave. La mujer asintió y pidió que la acompañaran.


Llegaron al parking del colegio. Brais corrió hacia su coche, con las manos aun amaniatadas. Abrió la puerta, recordando que no lo había cerrado, no se preocupó de ese hecho, hasta que no encontró el maletín, donde tenía todo bien guardado. Se quedó pálido y desfallació, quedandose sentado en el asfalto del lugar. Tanto la mujer como el abogado se acercaron preocupados. Ella preguntó por las pruebas, pero Brais explicó que no estaban. La agente golpeó el techo del coche y lo miró:

-¿Entiendes tu situación verdad?

-¡Sí, lo entiendo! -se puso de rodillas- ¡¿De verdad me cree capaz de mentir?!

La mujer se apartó para evitar que lo tocara y tomó su telefono para llamar a sus compañeros. Le explicó la situación, de que ahora manejarían dos hipotesis. En una de esas, Brais era el único culpable. El joven profesor comenzó a llorar, mientras el abogado, se puso a su lado para acariciarle la espalda:

-¿Podría quitarle las esposas? -preguntó a la mujer- creo que ha demostrado que no tiene intenciones de escapar.

La mujer lanzó el par de llaves y este las tomó para liberarlo. Lo ayudó a alzarse del suelo y le sacudió el pantalón. Se acercó para devolverselas. 


Se cumplieron las 24h. Le dieron sus pocas pertenencias que tenía encima y lo dejaron marcharse. La parada del bus estaba cerca, con las pocas monedas, pudo costearse el trasporte hasta su puesto de trabajo, allí es donde había dejado su coche. Durante el trayecto, pensó en todo lo ocurrido, en todos sus defectos desde el minuto uno. No había medido sus actos, ni había sido precavido. Era normal no serlo, no era policia, si no un simple profesor, una de las personas mas cercanas a los niños despues de sus propios padres. Todo apuntaba a él. Hizo un sonido raro, que dejó a todos los viajeros mirandolo. Se disculpó y miró por donde estaba. Faltaba poco para llegar.

En el cuarto de baño de profesores, se aseó un poco y se dejó un poco mas presentable. Se miró en el espejo y practicó la mejor de sus sonrisas. No quería hacer preocupar a los niños. Tomó su maletín y nada más salir, se topó con Zigor, que al verlo, parecía que había visto un bendito fantasma:

-Perdón por haber faltado al trabajo -explicó Brais- tuve que hablar con la policia.

-No te preocupes, los niños te estarán esperando.

El joven profesor le agradeció su simpatía y se acercó a las escaleras. Se notaba como que estaba siendo observado. Se paró en medio de estas y miró atrás, pero no pudo ver a nadie. Tomó aire y lo soltó. Siguió subiendolas. Pudo escuchar lo revolucionada que estaba su clase, era normal, había tenido un día de vacaciones. Al entrar, todos se quedaron mirandolo, asustados, aunque algunos parecía divertirles la situación. No entendía nada, hasta que miró en la pizarra. <<Profesor Brais, sin cabeza>>. Aquello hizo que conectara hechos, y que su versión de los hechos se confirmara. Sacó su telefono e hizo una foto, haciendo que todos se quedaran expectantes por sus palabras, cuando los miró, preguntó por el autor del dibujo, pero nadie quiso contestar:

-Vale, parece ser que ahora esto se ha dibujado solo -dijo con un tono de voz enfadado- vosotros, el grupito de graciosos, os quedais mañana sin recreo y estareis aquí, hablando conmigo.

Los cinco niños se enfadaron, no les parecía justo que fueran los únicos, al escuchar las quejas, elevó el castigo a dos patios, uno para una tutoría especializada, y otra para pensar en lo que habían dicho. Acabada la riña, borró la pizarra para empezar a escribir un par de ejercicios, cuando terminó de escribirlo, aseguró que eso serían todo lo que harían, y que no dejaría que nadie hablara durante la hora. 

Se escuchaban los lapices y bolígrafos escribir, mientras Brais pensaba en como limpiar su imagen. Había quedado como un mentiroso. Había estado preparando las preguntas que haría durante la tutoría, así como tambien mirar aquel dibujo, comparandola con la foto del movil. Allí había algo escrito, y recordando la forma en la que descubrió la situación de Arlette, supuso que tambien le sirviría para descubrir al autor:

-Voy a ir llamandoos uno por uno para ver como vais -ordenó Brais- una vez que lo haga, no quiero que tardeis ni un segundo.

Todos contestaron al unísono. Esperó unos cuantos minutos, y empezó a llamar uno por uno. Los primeros en ser llamados, fueron el grupo que tenía pensado para la tutoría, y acertó, uno de ellos parecía ser el autor, pero no dijo nada. Jano tomó su cuaderno, con cara de pocos amigos, con chulería, y se sentó de nuevo en su pupitre. 


<<Alguien me dice cosas, no sé quién es, tengo miedo. No puedo decirselo a nadie, la persona me dice que me hará daño, me siento observada, me encuentro mal, solo quiero que todo vuelva a ser como antes>> leyó en voz alta, mirando al grupo de cinco niños. Castriel y Fedora, que eran mejores amigas, se miraron entre sí sin saber que hacer. Milos y Neferet, no parecian indiferentes, parecía que estuvieran asustados por lo que les pudiera pasar, y Jano, era el único que no reaccionaba a aquello. Brais fijó su mirada en él, sacó los dibujos y el telefono, asi como le pedía su cuaderno:

-¿Por qué tengo que dartelo? -se quejó- estamos en nuestra hora libre.

-No es así, esto es una tutoría especializada -explicó Brais- ¿Por qué tienes tanto miedo de mostrarmela?

Sus amigos miraron a Jano, instandole a que se la diese, porque querían irse al patio. Este se cruzó de brazos y aseguró que se chivaría a sus padres. Brais recogió sus cosas, triunfante, porque tenía ganas de hablar con ellos:

-En cuanto a los demás ¿Alguien conocía a Arlette? ¿Algo que decir sobre ella?

-Se lo dijimos todo a la policia -se quejó Neferet-

-La nota que he leído, es por parte de ella, si me entero de que alguien de vosotros se burló de ella, las cosas se van a complicar, y mucho.

Les levantó la hora de tutoria, dejandolos marchar al patio. El último en salir del aula fue Jano, que le mantuvo la mirada, desafiante. A Brais le recorrió un escalofrío en la espalda. 

Ya era de tarde, las clases habían terminado, pero Brais se había quedado a preparar la clase del día siguiente. Alguien llamó a la puerta y dio paso. Se trataba de Zigor, que entró con las manos en los bolsillos:

-¿Tienes un momento? -preguntó el director mientras se apoyaba en la mesa de Brais- es importante.

Brais alzó la mirada, y fue todo oídos. El director le explicó que había recibido un par de llamadas, un tanto preocupantes, de algunos padres. El joven profesor quiso saber que tenía que ver eso con él:

-No quieren mandar a sus hijos a clase por culpa tuya, por una tutoría que montaste ¿Qué te pasa Brais? 

El joven profesor, asqueado por la pregunta, le entregó su telefono para que mirara por sí mismo lo que habia escrito Jano en la pizarra, le mostro los dibujos:

-¡¿Crees que es casualidad que esto lo dejaran un día antes de su muerte?!

-¡Se te está subiendo las series policiacas a la cabeza! -respondió Zigor levantando la voz- ¡Deja que los expertos hagan su trabajo o tendré la obligación de despedirte!

Brais, apretando el telefono con su mano, lo amenazó con que lo hiciera, y que si se atrevía, movería cielo y tierra para que la gente supiera todo. Zigor empezó a reirse, mosqueado, le preguntó si lo estaba acusando de algo:

-Quieres que cierre la boca, que me olvide de lo ocurrido, sabiendo que es mi responsabilidad -respondió con rabia- ¡Me he pasado un día entero en los calabozos, y como buen profesor, he venido aquí, para que luego me amenaces!

-Te voy a dar un par de días de descanso, una semana, porque prefiero que esos niños no pierdan el tiempo, su futuro está en juego -respondió Zigor- mañana no te quiero ver aquí, o si nos tomaré medidas.

Se giró y abandonó el aula. Brais trató de tranquilizarse, tomó su maletín y decidió marcharse hacia su coche. Las señoras de siempre fumaban en el lugar de costumbre. Les dedicó una mirada que las dejó de piedra y se sentó en el interior.

Sentía que tenia que ir a hablar personalmente con esos padres, sobretodo con los de Jano, tenía que demostrarles que él no era como le habían hecho creer sus hijos. Se aseó y se puso su mejor ropa, eran familias ricas y la presencia era lo más importante. Se plantó delante del espejo, se arregló las solapas y se echó un poco de colonia. Sabía que un paso en falso le supondría la carcel, pero ya no tenía nada que perder. Salió a la calle, buscó donde había aparcado su coche, se sentó en su interior y se puso en marcha. 

Parado delante de la gran casa, llamó al timbre un par de veces, pero nadie contestó. Decidió marcharse, pero algo le pasó fugazmente por la cabeza. Miró de nuevo hacia la puerta, lo único que le separaba del jardín de la unidad familiar era aquella verja. Miró a ambos lados y sin pensarselo dos veces, saltó. La parte de delante era casi imposible forzarla, demasiados ojos podrían estar mirandole, así que volteó hasta que vio una gran puerta de cristal. En el interior no parecía haber actividad, salvo un gato que se puso furioso nada más verlo. Subió los escalones y dejó el maletín en el suelo. puso las palmas de las manos sobre el cristal, empujandolo suavemente, consiguiendo lo que quería, abrirlo. Cuando se separó y tomó el maletín, a trasluz pudo ver la marca de sus huellas. Cerró sus ojos, lamentandose por el error, pero no podía pensar en eso, perdía el tiempo, si conseguía lo que queria y no levantaba sospechas, aquello pasaría desapercibido. En la planta principal solo estaba el comedor, plagada de fotos familiares y premios de certamenes, la cocina americana, pequeña pero lujosa, y un baño de invitados. Tambien había una puerta que daba al sotano, pero por alguna razón, estaba cerrada con un candado. Miró hacia las escaleras, que daban a los pisos superiores. Subió los escalones de dos en dos, siendo seguido de cerca por el gato, que no paraba de mirarlo. Abrió todas las puertas, descubriendo los dormitorios de los hermanos mayores de Jano, y los baños de estos, hasta que encontró el de este. Para su suerte, el niño se había dejado su ordenador encendido, por una red social que Brais entendía a la perfección, pues creció con ella. Se sentó en la silla, comodamente, el gato se subió encima de la cama:

-Espero que no te chives minino -intentó acariciarlo- es por el bien de tus amos.

El gato se enfureció y Brais se retractó de haberlo intentado. Entró en los chats, en las salas de mensajes, en grupos y hasta comentarios, dandose cuenta de que Arlette había sido víctima de ciberacoso por parte del menor, y el sequito con el que había intentado citarse, asi como un par de alumnos de otras clases. Sacó su telefono y comenzó a hacerle fotos a todo lo que pudo, y más. Terminada esa red social, intentó saber si se había dejado la contraseña en otras, pero no tuvo demasiada suerte. Finalizó su estadía por internet, y se metió en los archivos personales del chico, pudo ver que a este le encantaba toda la tematica gore, de ahí a tener tanta imaginación para dibujar esas cosas, y una posible motivación por desmembrar a personas. Era un chico fuerte, pequeño, pero posiblemente matón, y Arlette era frágil, con el abuso sufrido, seguro que casi no opuso resistencia, o hasta pudieron participar mas personas. El gato levantó su cabeza, y salió corriendo. Brais se puso nervioso, pues la familia acababa de entrar. Dejó todo como estaba, cogió sus cosas y miró por la ventana. No estaba muy alto, y no había nadie cerca para mirarlo. Daba a la puerta de la verja. Se armó de valor y saltó abajo. Sin pensarselo dos veces, corrió, abrió la verja y se metió en el coche. Arrancó y salió pitando.


Ahora tenia un montón de información entre sus manos, pero inservible, pues para conseguirla había cometido una ilegalidad. No paraba de ir de un lado a otro de su apartamento, tomando una botella de vino de vez en cuando, pegando un trago e intentado ahogar sus penas, hasta que algo alocado se le pasó por la cabeza. Se sentó delante de su ordenador, ajustó la pantalla de su ordenador y buscó como contratar los servicios de un hacker.

Tras buscar durante toda la madrugada, a su email llegó una oferta. La abrió rápidamente y leyó todo lo que le ponía, el supuesto profesional. Ni en las películas parecía tan fácil, pero en un par de horas, había conseguido lo que quería. La persona misteriosa le pidió que le pasara todos los detalles de su caso, que haría la primera parte del trabajo, cobraría y se lo entregaría, que si le convencía, podían seguir negociando. A Brais no le quedaba otra, era eso o dormir en una carcel durante años. Aceptó, sin ninguna objección. Le mandó toda la información de sus alumnos, hasta pidió que investigara sobre los padres de estos, para saber cuanto poder tenían y cual era su posición. Tras esto, le mandó un mensaje a su abogado para tenerlo preparado. 

Una hora después, el hacker le tenía algo preparado. Jano era un pieza, además de tener su preferencia por el gore, a su edad ya había consumido algunos vídeos porno, todos de preferencia donde hubieran tratos inhumanos hacia las mujeres, denotando cierta misoginia. A Brais le pareció repulsivo todo aquel material, así que evitó seguir mirandolo. El hacker le pidió el dinero y el joven profesor, le hizo la transferencia. Tras finalizarla, se quedó con esa carpeta de documentos, que en su conjunto, era una maldita bomba que dejaría en mal lugar a la familia. Su deber no era humillar al menor, había sido educado de esa forma, o no se le había prestado la atención que necesitaba. Pensando en eso, tuvo la idea de su vida. El buzón de sugerencias seguía en su clase, y puede que el profesor sustitito lo lea a petición de los niños. Puso en marcha su impresora, empezó a imprimir cada documento, lo grapó y le mandó un mensaje al director, con la excusa de que querían hablar sobre todo lo ocurrido, que no estaba en sus cabales, y que aceptaba las vacaciones, pero que antes quería pedir disculpas en persona. No recibió respuesta, solo vio como su superior leía el mensaje. Dejó todo encima de la mesa, al lado de la botella de vino sin terminar, y se lanzó al sofá a descansar.


Aparcó el coche en el parking. Por suerte no estaban las cotillas de siempre, asi que salió con rapidez. Antes de pasar por el despacho, subió por las escaleras, teniendo cuidado de que nadie lo viese. Los niños estaban en educación fisica, así que entró rapidamente, dejando el dossier dentro del buzón. Salió y dejó la puerta como estaba. Bajó a la planta principal, y se paró delante de la puerta para dar dos golpes en esta. Le dio permiso para entrar, y entró. Tomó asiento y Zigor le preguntó como estaba:

-Ahora bien, siento todo mi comportamiento.

-No te preocupes, un mal día lo tenemos cualquiera -acercó su silla a la mesa- ¿De que quieres hablar?

-De mi baja temporal, quiero volver dentro de una semana, pensar las cosas bien, y volver con mucha fuerza.

Zigor asintió, pero aseguró que sería mejor dejar pasar muchisimo más tiempo. Las familias de alguno de los niños estaban muy nerviosas, al pensar que sus hijos estaban siendo enseñados por un presunto asesino, les atormentaba. Brais hizo ver que estaba de acuerdo, pero en su interior recordaba todo lo del dossier, y sabía que ahí había algo que no cuadraba, el problema no era él. Mostró una sonrisa falsa, y preguntó por cuanto tiempo estipulaba él:

-Un mes -dijo sin dudar- sería perfecto.

-Eso es mucho tiempo...

-¿A ti que te importa? Te seguiria pagando.

El joven profesor se quedó sin saber que decir, pero acabó ofreciendo dos semanas. Zigor se quedó pensando, y dijo que tres estaría bien. A Brais no le quedaba mas margen para negociar, no quería abusar de su confianza, así que asintió y acabó acepetando. Ambos estrecharon las manos y acordaron verse para ese entonces. Se levantó de la silla y se despidió. Al salir, vio como una de sus compañeras subía las escaleras, la siguió y la interceptó en la planta de arriba:

-Señorita Garcia ¿Es usted quien llevará a mi clase?

La mujer se quedó muda. Brais le sonrió, diciendo que era normal que estuviera algo asustada. Le dijo que podía marcharse y la mujer entró dentro del aula.

Sentado en su coche, viendo el parking de la escuela, se quedó meditando mientras sacaba un cigarro. No acostumbraba a fumar, pero estaba muy nervioso. Dio un par de caladas, hasta que vio como un coche se paraba detrás de él. Salió una mujer que le pareció familiar, hasta el punto que recordó las fotos del hogar de Jano. Su instinto fue esconderse y ver como esta se metía en el edificio. Sacó su telefono y entró en su email para ordenarle el siguiente trabajo. Investigar a esa familia. El hacker aceptó en 30 segundos, asustandolo. Se sentó bien en el asiento, tiró el telefono en el asiento del copiloto y decidió acercarse al bar del padre de Arlette.

Estacionó su coche delante. Miró al interior y vio que no había nadie, era una ocasión perfecta para no generar malestar. Cuando entró, se quitó las gafas de sol, y la mujer le reconoció. Fue a echarle, pero Brais le dijo que tenía novedades, que no venía a acusar ni a decir nada extraño. Alberto salió, con cara de pocos amigos:

-¿Qué quiere? -dijo en un tono de voz elevado- ¿Quiere que le parta la cara?

-Podría hacerlo, no me importaría, pero no le diría un par de detalles, que quiero que guarde.

-¿Me intentas vacilar?

-Ando detrás del verdadero culpable -dijo sin despeinarse- quiero que confie en mí, yo no fuí, aunque los rumores digan lo contrario.

Se puso las gafas y salió del lugar. Se sentó en el asiento y sintió la sensación de ser un autentico investigador, aunque él no estuviera haciendo gran cosa. Vio como Alberto lo observaba desde el interior, así que se despidió con la mano. Su acto heroico le podría costar un ojo de la cara, pero quien no arriesga no gana.


Era de noche, y el telefono vibró. Le había llegado el email que tanto ansiaba. Estaba lleno de fotos, que fue descargando una por una. Y al llegar al final, leyó <<Su marido es amigo de Zigor, el director del colegio de la pequeña. He podido descubrir que se rumorea que este se acuesta con la mujer del padre del loco de Jano ¿Quieres que siga tirando del hilo?>>. Tras leer eso, abrió cada una de las fotos. Se trataban de cenas, viajes y reuniones en el propio colegio, donde todos parecían contentos, y algo cercanos, como la mujer y Zigor. No tenía nada en contra, en esa relación ni pinchaba ni cortaba, pero le parecía mal que estuviesen engañando a sus respectivas parejas. <<¿Puedes investigar a Zigor?>> preguntó en la respuesta. No tardó nada en contestarle <<¿No es tu jefe?>> respondió el hacker. <<¿Cómo sabes eso?>> dijo Brais, algo sorprendido, pero ya no consiguió que este largara más información. Pegó un sorbo al café, y sintió que sería una larga noche.

Recibió el segundo email de la noche. El hacker avisaba de que a lo mejor no le gustaría lo que iba a leer. Le mandó el historial de internet de Zigor, que parecía muy similar al de Jano. Brais aseguró que por desgracia, habían muchos hombres que consumían ese tipo de porno, pero que no eran capaces ni de matar a una mosca, que necesitaría algo más importante. El hacker aseguró que tenía ese tipo de información, pero que le soltara mas pasta y a primera hora de la mañana, se lo enviaría. A Brais comenzaba a sonarle todo muy raro, pero cedió.


Se levantó muy pronto. Con su coche particular se acercó a una empresa de alquiler vehicular. Tomó un coche pequeñito, para que no pudieran saber que era él. Cuando le entregaron las llaves y pagó, pudo entrar en el interior. Dejó su telefono en el asiento y se dirigió hacia el colegio. Se estacionó delante del centro, a dos horas antes de que este abriera sus puertas. No tenía ni idea de si la señorita Garcia había abirto el buzón, ni de lo que le iba a enviar el hacker, pero de lo que estaba seguro, es que pronto terminaría toda esa patraña y se limpiaría su nombre. El telefono comenzó a vibrar, ilusionado porque fuese el hacker, lo tomó, pero se dio cuenta de que era una llamada de su abogado:

-Dime -respondió-

-¿Pare qué quieres que me prepare? -preguntó el abogado- ¿Qué piensas hacer?

-No sé si es licito contarte esto, pero como sé que debes mantener lo que te diga en secreto, voy a explicarte todo lo que he andado haciendo. 

Cuando terminó de explicarselo, escuchó el largo silencio de su representante, que no podía creerse que su cliente fuera tan estupido:

-Como tu bien dices, tienes derecho a que mantenga esto en secreto, pero yo tengo derecho a dejar de representarte. Así que piensatelo dos veces antes de llevarme al abismo contigo.

Le cuelga, y nada más hacerlo, recibe un email. Había conseguido descibrar unos mensajes raros, como en cogido, que había mantenido con el padre de Jano. Le explicó que pronto conseguiría algo nuevo, así que se mantuviese al tanto. Brais se lo agradeció.

Reconoció el coche del director a lo lejos, así que se agachó para que no lo viese. Pasó por al lado y giró hacia la puerta del parking. Entró en el interior y lo vio salir. Estaba manteniendo una acalorada discusión. Brais se fijó en como se metía dentro del edificio. Sentía que quedarse allí era una tontería, esperar era de tontos. Así que salió del auto y corrió. Saltó la valla de la puerta del parking y entró en el interior. Escuchaba como el director hablaba con el telefono. Estaba intentando abrir la puerta de su despacho:

-¿Pero como sabes que es él el autor? -preguntó Zigor mientras la conseguía abrir-

Al cerrarla, Brais dejó de escuchar, así que trató de acercarse. Cuando lo hizo, pudo saber que hablaba de él, era el único de baja. Hablaba tan rapido y bajo que no lograba entender las otras palabras. Intentó abrir la puerta, con cuidado para que no se diera cuenta, pero de repente, su movil vibro en su bolsillo, haciendo eco en el pasillo. Palido por aquello, corrió para esconderse en los baños. Se metió en una cabina y se sentó subiendo los pies. Era el hacker, le había mandado un vídeo, donde antes le alertaba que era un contenido fuerte, serio, y que involucraba a la pequeña. Se arma de valor y le da al play, sin tener en cuenta que el sonido estaba activo. En ese mismo instante, la puerta de los baños se abrió:

-¿Quién anda ahí? -escuchó preguntar a Zigor- Si sale, no llamare a la policia.

Brais tragó saliva y decidió mantenerse en silencio. Zigor le dijo a la persona con la que hablaba, que luego lo llamaría, y se guardó el telefono:

-¿Eres quien entró en casa de mi compañero? ¿Tú tambien quieres probar?

Brais, decidido a no ser un cobarde, siguió reproduciendo el vídeo. Arlette pedía ayuda, ansiaba que no la mataran. En la grabación se reconocía la voz del padre de Jano, y la voz de Zigor. Escuchó como alguien golpeaba la puerta de la cabina donde estaba, y Brais se asustó tanto que tiró el telefono, haciendo que se cayera por debajo de la puerta:

-¿Qué tenemos aquí? -preguntó Zigor- Espero que si hago algo, este telefono no suene.

Se escuchó como tecleaba en su smartphone y de repente, la melodía de su telefono empezó a sonar:

-Brais, no me esperaba esto de ti -lanzó su telefono contra el suelo- sal y no te haré lo mismo que a ella, nos divertiremos, pero intentando que tu tambien disfrutes.

-Haré lo que quieras, si no me matas -dijo Brais, tratando de ganar su confianza-

Abrió la puerta y Zigor lo tomó del brazo, lanzandolo contra la pared. Se puso a escasos centimetros de su boca, mirandolo fijamente:

-¿No tenias suficiente con vivir tu vida de mierda? ¿Por qué tuviste que joderme?

-No jodí a nadie, tu quisiste acusarme de algo que no hice.

Zigor asintió, y aseguró que ahora no lo haría, si le dejaba probar. Le tocó el culo y lo estrujó entre su mano. Lo volteó con fuerza, estampando su cara contra la pared, y quitandose el cinturón para atarselo en el cuello de Brais. No apretaba demasiado, pero sabría que aquello se le iría estrechando poco a poco. Notó lo incomodo que era ser abusado por alguien como él. Le metía mano en el paquete, tocandole su pene, apretandolo en la palma de la mano de este, mientras acercaba su miembro a su culo. Notó como le desabrochaba el pantalón y le besaba el cuello:

-No estés tenso, una vez que te mate, no sufrirás.

Lo abrazó por la cintura y lo penetró, tirandolo de la correa con fuerza. Lo embistió con fuerza, haciendo que perdiera el conocimiento. Brais lucho por no desvanecerse, espero a que bajara la guardia, y cuando encontró el momento, le pegó un codazo en la boca del estomago. Zigor cayó hacia atrás, sorprendido por la fuerza de Brais. Se subió los pantalones como pudo, y sin piedad, le propinó una patada que le rompió la nariz. Comenzó a sangrar como una fuente. El telefono de Zigor, una fuente valiosa de información, lo tomó y huyó de la escena cojeando. Se sentó en su coche y pudo ver como Zigor trataba de seguirle de cerca. Le hizo un corte de manga y arrancó. 

Ya en comisaría, entregó el telefono, prometiendo más cosas. No podía revelar la fuente, pero podía probar que había sido violado por uno de los culpables del asesinato de Arlette. La agente no podía creerselo, asi que tomó el telefono y al reproducir el vídeo, se escandalizó y lo paró. Miró a un compañero, pidiendole que acompañara a Brais a un hospital para que le hicieran las pruebas pertinentes, y que el otro que quedaba libre, la acompañara a casa del director. 

El abogado entró en la sala donde estaba tumbado Brais. De lado, pudo verle de reojo. El señor se acercó preocupado, preguntando por su estado, y este aseguró que se encontraba bien, pero que estaría mejor si Zigor hubiera sido detenido:

-No saben donde se encuentra -respondió dejando su chaqueta- pero no tiene escapatoria, pues a su compañero, el padre de ese chico que tu me explicaste, ha sido detenido y ha largado toda la información.

-¿Toda la información?

-Sí, es una atrocidad. Se dedicaban a crear contenido snuff para venderlo, no eran expertos, de ahí a que tuvieran que abandonar el cadaver en medio del patio. Se dedicaban a hacerlo con tematica realista y en sitios delicados. La policia ha dictaminado que uno de los sitios que utilizaron, fue una de las salas del colegio que no se utilizaban, las pruebas que tomaron lo han corroborado. 

Brais le entraron ganas de vomitar con tan solo pensar que podía haber sido victima de eso. El abogado aseguró que eso no era lo único que tenía que decirle:

-¿Quién ha sido tu fuente?

-No tengo su identidad, no puedo decirtelo.

El hombre frunció su ceño, y un doctor entró en la sala. Le pidió al abogado que saliera al exterior, para darle la privacidad que necesitaba a Brais.


Pasada una semana de todo lo ocurrido, la gente quiso reunirse con Brais para pedirle perdón. Allí estaba todo el mundo, menos Zigor, que era el ser más odiado en ese momento, aunque nadie pudiera creerse sus actos. En esa cena improvisada, se habló de todo, hasta el cierre del colegio, cosa que no era temporal. Brais reconoció a todo el mundo, menos a una persona, una mujer, que al ver que él le estaba mirando, decidió abandonar el lugar. Brais quiso ir detrás de ella, pero cuando salió al pasillo, ella se había esfumado.


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