PULSACIONES - 8/52 RETOS DE ELDE
Esta historia pertenece a 52 Retos del Escritor.
Había que evacuar a la gente de sus casas. El frente improvisado en contra de los Alemanes estaba aguantando, les retrasaba en su avance, pero todos ellos sabían que no sería por mucho tiempo. Empezaron a evactuar a toda la gente de la ciudad, aunque muchos debían esperar, sus condiciones no eran las mas idoneas para correr.
La ametralladora seguía amasacrando a los enemigos. Sus cuerpos caían sin vida en el suelo, haciendo que sus compratiotas lo tuvieran dificil para seguir avanzando, y no les quedaba otra que retirarse, u ocultarse entre los cadaveres. Quienes estaban en el frente, de vez en cuando echaban una mirada a atrás para ver como la gente corría. Satisfechos por saber que casi no quedaba gente a la que evacuar, su vocación se volvía cada vez mas fuerte, eran sus vidas o la de los inocentes.
Una recluta iba a reemplazar a uno de sus compañeros, pero de repente, vio que una de las enfermeras, embarazada de 8 meses, se apoyaba en una de las paredes de la trinchera. Preocupada por su estado, volvió a entregarle el arma a su fiel compatriota y pidió que la cubriera durante unos minutos más. Tomó en brazos a la enfermera y se la llevó a una zona donde no estuviera tan expuesta. Estaba dilatando, el niño venía en camino. Empezó a llamar a los medicos, pero ninguno podía hacerse cargo, eran muchos los heridos por las minas o por las balas perdidas, al igual que muertos, pues había que certificar sus fallecimientos. Sin otra oportunidad, decidió ser ella quien asistiera el parto.
Los bombarderos empezaron a sobrevolar la zona. Aliviada, porque sabía que eran aliados, podía recuperar su propio pulso. El niño comenzaba a asomar la cabeza. Pidió que hiciera más fuerza, que ya casi estaba. Una vez en sus brazos, lo limpio con una toalla, y notó que sus latidos eran débiles pero estables. Se lo entregó a la madre y volvió al campo de batalla. Las bombas comenzaron a caer sobre el frente enemigo, impactando contra este y haciendo una gran humareda así como llamarada. El sonido de estás, retumbaba en su pecho, como si fueran los latidos de aquel recien nacido.
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