RAYOS Y CENTELLAS - 15/52 RETOS DE ELDE.

En el Cloud Desire, el bar de las deidades, el ambiente era ameno. La música tocada por los semidioses, amenizaba el lugar, mientras las conversaciones la acompañaban. La puerta se abrió, dejando paso al gran y temido Zeus, dios de los dioses de Grecia, y con fama de tener el ego más grande de todo el orden mundial. Todos se quedaron callados al verle. Se dirigió a la barra y sentandose, miró a Dionisio, que abrillantaba las copas. Al verle, se acercó a él con prisa, ofrenciendole lo de siempre. Este tomó la jarra, y empezó a bebersela mientras todo el mundo lo miraba. Escuchaba los cuchicheos, los rumores de que era un infiel rondaban por los diferentes países del mundo. Gruñó y golpeó con la jarra la madera de la barra, haciendo que todos se callaran. La puerta se volvió a abrir, y por esta apareció Thor, con un look más veraniego y con la piel quemada. Entraba de buen humor, hasta que vio a su homologo griego. Los dos se quedaron mirandose, sin saber que decir. Thor tragó saliva y entró, mientras saludaba a algunas chicas, con las que había mantenido conversaciones en las noches anteriores. Zeus, al ver eso, frunció su ceño:

-Señor, debería esconder más sus aficiones -susurró Dionisio- la gente empieza a ver que es cierto.

Zeus carraspeó un poco y trató de ignorar a Thor, pero este ya se había dado cuenta de ello. Acercó un taburete y se sentó a su lado, apoyando el codo y su cara en su mano:

-Ha pasado tiempo desde la última vez que nos vimos -sonrió, tratando de parecer simpatico- ¿Cómo va todo por Olimpo? ¿Nadie te ha declarado rivalidad para quitarte del trono?

Zeus acercó su jarra a Dionisio, que dudó en llenarla. Insistió con su mirada. Atemorizado, la llenó, lamentandose de aquella decisión. Thor vio como su rival se la tomaba de un solo trago y la dejaba en el sitio:

-Oye Dionisio, parece que ese líquido que vendes está bueno -se dirigió Thor hacia él- ¿Me pones un poquito? 

-Invita la casa -dijo Dionisio rápidamente- creo que la vas a necesitar.

Un nuevo invitado entraba en el local Cloud Desire. Dejando su katana al principio, hizo una reverencia, haciendo que todas las personas del lugar se quedaran observando aquella deidad. Era Ajisukitakahikone, también era el dios del Trueno en su tierra, Japón. Una casualidad que añadiría más tensión al lugar. Ajisu, no era alguien que quisiera problemas, era respetuoso, y al ver a sus homologos, esbozó una gran sonrisa:

-¿Traiste el sake que te pedí? -preguntó a Dionisio- he tenido una larga jornada, y necesito descansar.

Cuando el camarero se giró para buscarlo, Ajisu notó como era observado. Sabía que no eran esas bellas mujeres, a las cuales Thor ya creía tener enamoradas, eran miradas amenazantes, más bien territoriales:

-Veo que has vuelto de vacaciones, querido amigo -dijo a Thor- ¿Qué tal por tierras tropicales?

Thor asintió, poniendo una cara de pillo. Aseguró que había visto a Juno, que había podido ver en primera persona, que los rumores de que era la viva imagen de la esposa de Zeus eran ciertos. A este se le atraganto el vino, comenzando a toser. Cuando se calmó, vio como Thor lo miraba, interesado por sus expresiones:

-¿Qué intentas? -se quejó Zeus- esa mujer no tiene nada que ver conmigo.

-¿Ah, no? -preguntó Thor- pues creo que voy a intentar enemistarme con Júpiter, merecerá la pena.

Dionisio negó con la cabeza y le sirvió el sake a Ajisu. Cuando tomó la botella para guardarla, miró a la pareja de adulteros:

-Por mí puedes hacer lo que quieras, ya cayó a mis encantos -dijo con ego Zeus- Júpiter no tiene nada que hacer contra mí.

-¿De verdad? ¿Y si te digo que ella ya hizo comparaciones? -se acercó a Zeus para susurrarle- Aseguró que no había nadie que estuviera a mi altura.

-¡¿Cómo osas decir eso?!

Ajisu comenzó a reirse, mientras disfrutaba de su chupito de sake. Zeus, al ver que todo el mundo se le había quedado mirando, se sentó, viendo que había caido en la trampa de Thor. Este no podía parar de reirse, se había inventado toda la historia, y no podía creer que el dios de dioses, hubiese caído en algo tan mundano. Enfadado, cruzó sus brazos y le preguntó a Dionosio si él se había dado cuenta:

-No señor, yo tampoco pensaba que fuese un farol -dijo retirando la jarra- no se preocupe, su legado de amantes estará a salvo con sus encantos.

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